
-Por favor, no me dejes -le susurró ella, de pronto asustada.
-Creéme, Kelley. Si no estoy contigo, será porque habré muerto -le dijo, acariciándole el pelo, y ella sintió su aliento cálido en la frente, como un beso-. Porque si alguien pretende hacerte daño, antes tendrá que matarme






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